Es habitual, en fases bajistas, que los gestores busquen empresas ‘valor’ para invertir, y compañías ‘crecimiento’, si el mercado va bien. Pero la crisis ha difuminado las fronteras. Si hay que elegir, los expertos prefieren una combinación de ambos. Warren Buffet vs Thomas Rowe Price. No se trata del cartel de una pelea de boxeo, sino de dos formas de entender la inversión.
La búsqueda de compañías que generan valor (estrategia value), como hace Buffet, o de aquellas que están en pleno crecimiento (estrategias growth), como en su día hizo el fundador de la gestora T Rowe Price.
“Por value entendemos aquel universo de compañías que cotizan con una baja relación precio/beneficios, alto dividendo, etcétera. En él se encuentran sectores y compañías que operan en negocios regulados y con flujos de caja estables y predecibles, pero de bajo crecimiento estimado. Normalmente, se trata de modelos de negocio maduros.
En el lado opuesto, se encuentra la filosofía growth. Se trata de sectores y compañías donde los múltiplos son mayores, pero su valoración se justifica por el mayor crecimiento esperado de sus beneficios. En este caso, los flujos de caja futuros representan una elevada parte del valor presente de la compañía y la evolución bursátil dependerá en gran medida de que la empresa cumpla las expectativas”, explica Ricardo Domingo, director de renta variable de Santander Asset Management.
Las empresas value suelen cotizar a unos precios más atractivos, por lo que son las favoritas de muchos expertos a la hora de escoger un universo de inversión. Generalmente, las compañías growth suelen ser más caras en mercado, por lo que tienen más éxito en fases de bolsa alcista
Guerra entre crecimiento y valor
Algunas firmas, pese al complicado entorno, apuestan por esta filosofía growth, ya que “las compañías con una habilidad demostrada para hacer crecer sus beneficios están mejor posicionadas para enfrentarse a la tormenta. El mercado menosprecia a menudo la inversión growth, ya que toma una visión muy a corto plazo”, asegura Giles Worthington, gestor del M&G Pan European Fund.
Los expertos de Oyster comentan también que “con respeto a lo que sucede en el entorno macroeconómico, estamos favoreciendo la inversión growth a la value. Muchos sectores típicos de valor, como la automoción o el industrial, cíclicos por naturaleza, aún van a tener que hacer frente a vientos en contra”, afirma Yasmina Barin, economista de Banque SYZ&CO, grupo al que pertenece Oyster.
Contando con adeptos
El value, pese a todo, sigue contando con muchos adeptos entre los gestores. “En este momento, preferimos valor a crecimiento. Cuando se ralentiza la economía, todo se frena, incluidas las empresas growth. Cuando empiece a haber cierta mejora del consumo y la demanda, entonces quizá valga la pena pagar un poco más para invertir en empresas en crecimiento”, sostiene Betina Gallego, analista de Inversis.
Esta experta se muestra en contra de la tesis que defiende que las compañías value son peor inversión que las growth: “Aunque value sea sinónimo de empresas castigadas y con poco crecimiento, muchas veces tras esa definición encontramos muy buenas compañías. Pensamos que a la hora de invertir, hay que escoger empresas valor de alta calidad”, defiende.
Corazón inversor dividido
Pero con lo revueltos que están los mercados, cada vez son más los expertos que optan por un cóctel de ambas filosofías. “Tengo una opinión dividida. Nuestras carteras modelo siempre son value pero en los últimos meses hemos visto que los growth van mejor porque, aunque tenemos niveles atractivos de valoración, al estar en un mercado bajista el value no funciona porque la bolsa no sube”, comenta Céline Giffard-Foret, de Self Trade.
“A lo largo de un ciclo evolucionan tanto las valoraciones de las empresas como el crecimiento que se estima para las mismas, y dado que estos estilos de inversión no son excluyentes, lo ideal es hacer una combinación de ambos a la hora de tomar decisiones de inversión. Sin embargo, de acuerdo a la fase del ciclo en que nos encontramos, lo que abunda son compañías baratas”, señala por su parte Alberto Morillo, de Consulnor.
“En el entorno actual, segmentar empresas en base a criterios clásicos de growth y value es más difícil y engañoso de lo habitual. Lo que hay que preguntarse es dónde hay visibilidad de beneficios. Puede que la haya en algunas empresas maduras, como las eléctricas y compañías de servicios públicos, pero hay una visibilidad muy limitada en el sector bancario.
Ni siquiera las cúpulas directivas de los bancos saben con total certeza cuánto valen realmente todos los activos opacos que han comprado y, peor aún, estos activos sólo valen lo que alguien esté dispuesto a pagar en este momento, lo cual puede ser totalmente diferente a su valor como inversión a largo plazo”, afirma Tim Stevenson, gestor del fondo Pan European Equity, de Henderson.
Ricardo Domingo coincide con Stevenson y señala que “desde el punto de vista de valoración, hay muchas compañías que cotizan a múltiplos muy atractivos en ambos universos, pero muchas de estas valoraciones están basadas en estimaciones de beneficios que en el entorno de desaceleración actual deberán ser revisadas a la baja. Por tanto, es importante seleccionar compañías que cumplan con las expectativas de beneficios”.
Fuente: El Economista (28/09/2008)